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Velvet Goldmine

Velvet Goldmine - StoryMe blog

Cuando estaba en 2º o 3º de carrera empecé a trabajar en un videoclub por las mañanas. Recuerdo perfectamente que para mí era el lugar perfecto para trabajar mientras terminaba mis estudios. Desde muy pequeña y por influencia de mi padre (cinéfilo entusiasta de las antiguas películas del oeste), me aficioné al séptimo arte.

Mi experiencia en el videoclub me permitió conocer cine al que difícilmente hubiera accedido, como consecuencia de mi propio desconocimiento. El dueño del negocio me ilustraba con las maravillas del cine asiático (como Samaritan girl y Hierro3 de Kim Ki-Duk) y me mostró el cine independiente.

Sin embargo, fui yo quien, de forma proactiva y con el beneplácito del jefe, indagué entre todo aquel material. Así fue como apareció en mi vida Velvet Goldmine. Jamás había oído hablar de ella y me sorprendió, ya que el reparto es bien conocido (Jonathan Rys-Meyers, Ewan Mcgregor, Christian Bale o Toni Collette). Y así fue como encontré mi película preferida.

Aviso a navegantes: todo aquél que la ha visto me la describe como bodrio. No es brillante, lo admito; quizás, ni siquiera buena, pero a mí me chifló. Me encantó la estética, la inserción de videoclips durante el film y la banda sonora.

David Bowie & Company

El objetivo de Todd Hydes, director de Velvet Goldmine, era hacer un biopic sobre David Bowie en su etapa glam. Ante la negativa de éste, Hydes decidió crear una historia ficticia inspirándose en el propio Bowie y en Iggy Pop. De hecho, el nombre del film es una canción de Bowie incluida como B-side en The Rise and Fall of Ziggy Stardust and The Spiders From Mars.

Ziggy Stardust, un ser de otro planeta que llegó a la Tierra para salvarla pero, en lugar de eso, encontró el rock and roll; alguien que cantaba sobre los cambios y el dolor, y que tocaba mejor que nadie; un ser cuya vanidad no tenía límites y que tenía el carisma como para tirarse a quien le apeteciera, hombre o mujer, y cuyas aspiraciones le llevaron a la ruina, sin llegar a cumplir sus mejores propósitos.

Mikal Gilmore, Rolling Stone.

 

Aquí nuestro amigo Ewan a tope, con escenas no aptas para menores o para personas sensibles.

Estética

Respecto a la estética, Hydes tiró del movimiento Glam, que no sólo resaltaba la música como eje de diferenciación de movimientos anteriores sino, especialmente, la estética.

En los años 70 la homosexualidad dejó de ser tabú en la industria musical. Asimismo, los hombres se pintaban como puertas, llevaban purpurina en lugares insólitos de su cuerpo y llevaban indumentarias más apropiadas para el cuerpo femenino. Se atrevieron con todo tipo de estampados y plumas. En resumen, un look travestido. Con todo, y pese a ser tildados de “maricones”, eran heterosexuales (o se daban a todo).

Una eclosión de fantasía y provocación que arrebató a una generación. Muchos recuerdan el impacto de ver a David Bowie en la televisión, bello como un dios y exótico como un alienígena.

Diego A. Manrique en “Los Reyes del Glam”. 

La artífice del vestuario de Velvet Goldmine es Sandy Powell (ganadora de tres premios Oscar en la categoría de mejor diseño de vestuario) confiesa que, aunque ganó el Oscar por Shakespeare in Love “estaba dividida porque ese año también me nominaron por Velvet Goldmine, que me había llevado mucho más trabajo, ya que no teníamos ni un centavo para el vestuario. Esa película significa mucho para mí, porque habla de mi adolescencia. Pude inspirarme en lo que recuerdo y no sólo en imágenes de un libro”.

 

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